Queridos amigos:Rusia es un país del que se habla mucho y que, al mismo tiempo, no siempre es conocido en toda su diversidad. Miren el mapa para estimar su vastedad: un territorio que se extiende entre Europa y Asia, con una enorme variedad de paisajes, ciudades y grupos étnicos. Pero, además de la geografía, hay otra dimensión, menos visible y más difícil de definir: la cultura.
¿Qué significa ser ruso? ¿Qué elementos han dado forma a la identidad cultural de un país tan extenso y diverso? ¿Es Rusia afín a Europa, Asia o avanza por la senda de su propia tradición? ¿Y cómo puede sostenerse una cultura común en un territorio donde conviven cientos de pueblos, lenguas, costumbres y visiones del mundo?
Esta edición de Hablemos con Rusia parte de estas preguntas, pero no pretende ofrecer una respuesta única. En lugar de descifrar el “código cultural” ruso, proponemos observar su encarnación en la vida real.
Se plasma en sitios que conforman la memoria colectiva: en las calles de Perm, donde la industria se entreteje con el arte multimedia; en Tarusa, una pequeña ciudad a orillas del Oká que durante unos días se transforma en punto de encuentro para artistas y visitantes de distintos países; o en Kazán, donde las tradiciones rusas y tártaras conviven a diario y el deporte se convierte en una herramienta de comunicación.
Ese código también radica en el vínculo de Rusia con la ciencia, la tecnología y el espacio. Desde el legado de Yuri Gagarin hasta los proyectos que lanzan al espacio los sueños de niños de distintos países, la cosmonáutica ocupa un lugar particular en el imaginario ruso. También está presente en las escuelas, los museos, las ciudades construidas en torno a la industria espacial y en las historias de quienes siguen oteando las estrellas.
La cultura se transforma con el correr del tiempo. El teatro sale de sus escenarios y llega a las pantallas; la luz transforma espacios industriales; la música y el arte digital atraen nuevos públicos; los jóvenes creadores buscan nuevas formas de expresión. Son expresiones contemporáneas, pero dialogan constantemente con una memoria cultural mucho más extensa.
Y esa memoria no pertenece a una sola ciudad ni a una sola tradición. Rusia es el resultado de encuentros: entre pueblos, lenguas, religiones, regiones y experiencias históricas diferentes. Quizá, ahí esté la clave. No elegir entre Europa y Asia, entre la tradición y la modernidad, entre lo común y lo diverso, sino analizar la coexistencia de todos estos elementos y promover una identidad cultural compleja, cambiante y profundamente plural.
Disfruten leyendo la revista, son bienvenidos a enviar sus sugerencias a nuestro correo electrónico:
hablemosconrusia@yandex.ru